Biografía de Comenio

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Juan Amós Comenio (1592-1670) fué un filósofo, teólogo y pedagogo checo. Es conocido en el ámbito de la pedagogía como “Padre de la educación moderna”.

Contemporáneo de Galileo y Descartes, desarrolló una intensa carrera en el campo de la educación en una Europa en la que todavía el concepto de enseñanza estatal era una cuestión del futuro. Gozó de fama y reconocimiento en vida; sus contemporáneos le dieron el título de Magister Nationum (Maestro de las Naciones), y sus libros fueron por casi dos siglos considerados la autoridad máxima de esas nuevas ideas educativas fruto del Renacimiento y en particular la Reforma – en una Europa orientada definitivamente por el camino de la Razón.

Suyo es el primer libro de texto ilustrado infantil, Orbis Pictus (“Mundo Ilustrado”), así como la enorme cantidad de aproximadamente 160 manuscritos – cifra notable en cualquier época, mucho más en vista del limitado mercado editorial de la suya, que no llegó a absorberlos todos. Entre sus obras existen varias para la facilitación de la enseñanza de idiomas: su Janua Linguarum Reserata (“Puerta abierta de las lenguas”) un libro de texto ilustrado para el aprendizaje del latín – si bien no una idea original suya – alcanzó enorme popularidad y fue adaptado para su uso en diversos idiomas, entre otros el alemán y el inglés. Comenio fue uno de los pioneros en reivindicar los idiomas nativos (en su caso, el checo), como herramienta escolar, bregando durante toda su vida para que se comenzara la educación de los párvulos en lengua materna y no en latín, como exigía la tradición medieval. Su obra mayor fue la Didactica Magna, publicada definitivamente en 1658, que consideraba la obra de su vida y compendiaba todas sus ideas sobre la educación. Muchas de ellas pueden oírse hoy en día sonando frescas como ayer, así como fueron inéditas en su momento.  Ejemplos:

a) enseñar las lenguas extranjeras, como la lengua madre, mediante conversaciones sobre tópicos coloquiales

b) usar imágenes, experiencias directas

c) respetar las capacidades del alumno según su edad (anticipando el concepto de estadios de desarrollo)

d) “autopráctica”: que el alumno lo examine todo y actúe por si mismo, basando el aprendizaje en la experiencia directa y no en la autoridad  del maestro

d) fatigar lo menos posible la memoria

etc.

“Todo mi método va dirigido a que la labor escolar se convierta en juego y delicia” explica en su autobiografía. De hecho, una obrita suya se titula Schola ludus (“La escuela como juego”). Comenio el pedagogo es compañero de Comenio el pensador y filósofo, autor de un voluminoso corpus teórico de mérito propio (cf. Pansophia ["Sabiduría universal"], Unum necessarium [“Uno es necesario”], Gentis felicitas [“La felicidad del pueblo”], Diógenes cynicus redivivus [“Diógenes el cínico redivivo”], etc.).

No era éste fruto de ninguna torre de marfil. Sus ideas y sus métodos educativos estuvieron basados en experiencias prácticas recogidas a lo largo de varias décadas en cargos docentes en instituciones varias, muchas de ellas fundadas por él mismo.

Su mérito reside no sólo en haber sido uno de los primeros en investigar sistemáticamente el fenómeno educativo (recuérdese que el concepto de “ciencias sociales” era inexistente en su época), sino además, en las palabras de un importante erudito,  en haber precisamente identificado para la posteridad el núcleo básico de asignaturas que ocupan a las actuales Ciencias de la Educación.

Otro mérito no menor – entre varios otros que pueden atribuírsele – es su impresionante esfuerzo político, que contribuyó como dijimos a la conformación del concepto de educación pública, pues Comenio impulsó ante monarcas absolutos y señores feudales los principios que hoy en día damos por sentado: la noción de una escuela universal y unificada, la importancia de un método didáctico basado en la experimentación empírica y no en la tradición escolástica o clásica, la idea de la gradación y continuidad del proceso educativo por edades y por materias. En la Didactica Magna Comenio adelanta la división del proceso educativo en las etapas que conocemos hoy: enseñanza pre-escolar, primaria, secundaria y terciaria

En 1956 la UNESCO encomendó a Jean Piaget la compilación de una obra homenaje en la que el psiquiatra francés hace un rescate de las ideas de Comenio. Este rescate era necesario puesto a que la intensa actividad desarrollada en siglos posteriores en el campo de la educación en Occidente había poco menos que eclipsado su nombre del universo pedagógico

Por otra parte, y como curiosidad, en la Europa del Este el nombre de Comenio nunca había perdido su vigencia. Y decimos “como curiosidad” porque, si bien es entendible que un genio eslavo brillara en el firmamento soviético este-europeo, no deja de ser una ironía de la historia que un sistema educativo oficialmente ateo haya sido el encargado de perpetuar la memoria de un pensador eminentemente cristiano[i].

Pues fue Comenio un fervoroso cristiano, y no puede leerse su obra sin referencia a sus creencias, que son el factor esencial que le brinda su coherencia. De hecho, toda su labor educativa y pedagógica no fue para él sino corolario de su labor pastoral, como ministro y guardián de las almas.

Ján Amos Komenský (Comenius en su versión latinizada) nació en lo que hoy es la República Checa en la última década del siglo dieciséis (cuando Shakespeare comenzaba a escribir) quedando huérfano a la edad de 12 años. Fue subsecuentemente criado  y educado por cuenta de la Unión de los Hermanos Moravos, o Unitas Fratrum, un pujante grupo adscrito a la Reforma protestante, a la sazón triunfante en tierras checas [ii].

A la edad de 22 años ya había concluido sus estudios universitarios en Alemania (en una institución señera de la Reforma) y había sido nombrado docente en Prerov, su ciudad escolar. Dos años más tarde su primer librito salía a la luz en una imprenta de la capital checa, Praga: Grammaticae facilioris praeceptia (“Preceptos de una gramática más fácil” – 1616), y dos años más tarde era nombrado ministro religioso y rector de la escuela en Fulnek, importante centro de los Hermanos Moravos.

Así, rector y ministro religioso a los 25 años, con un libro publicado y otros en proyecto (un Diccionario o Thesaurus linguae bohemicae, que había comenzado a compilar durante sus días de estudiante en la Universidad; una Enciclopedia – Theatrum universitatis rerum [“Teatro del conjunto de las cosas”] e ideas para un Amphiteatrum acompañante, así como un Theatrum scripturae o Enciclopedia Bíblica), instalado con su familia – esposa y dos hijos – en la rectoría de un importante centro educativo y religioso de una pujante comunidad, y bulliendo de ideas con amplias facultades y oportunidades para llevarlas a la práctica, la carrera de Comenio comenzaba con el pie derecho.

Pero pronto habría de ser terriblemente convulsionada. La dinastía católica de los Hasburgo, por entonces instaurada en Praga, decidió erradicar el verdadero “movimiento de bases” (para usar terminología de eras no muy lejanas) que constituían las varias manifestaciones de la reforma checa, y a los cinco años de haberse instalado en Fulnek Comenio fue declarado proscrito (en su calidad de ministro protestante) y sus libros fueron quemados en la plaza pública. Comenio debió pasar a la clandestinidad y ocultarse en el interior del país, dependiendo de la solidaridad de simpatizantes, a la espera de mejores tiempos.

La espera fue en vano. Cinco años más tarde, sin haber podido regresar a Fulnek, Comenio se vio forzado a buscar refugio fuera del país, con el añadido dolor de no haberse podido despedir nunca de esposa e hijos, quienes en ese lapso habían fallecido víctimas de una epidemia infecciosa. Al exilio y a la peste debemos añadir la guerra, que se había declarado oficialmente en 1618.  Así fue como Comenio pasó de la relativa prosperidad y solidez de su posición en Fulnek a las humillaciones de la proscripción política, al estigma del contagio infeccioso (horror ancestral a la peste cuya sombra pudimos vislumbrar tal vez en nuestras reacciones iniciales al SIDA), y a la caída libre en el abismo de uno de los períodos más vergonzosos de la historia europea, a saber, la Guerra de los Treinta Años (1618-1648).

Si las morbosas imágenes que los medios globalizados depositan de tanto en tanto en las pantallas de nuestros hogares nos resultan inasimilables (cf. los cadáveres mutilados, los ajusticiados linchados, la violencia enmudecedora), ¿que no habrá debido ser su testigo y víctima directo? Pues Comenio debió convivir con absurdos saqueos, pillajes y linchamientos – atrocidades que perduraron por siglos en el imaginario folklórico europeo como proverbio de la inhumanidad del hombre.  Inhumanidad doblemente absurda, puesto que la guerra de los Treinta Años[iii] – cuya chispa inicial fueron los incidentes de represión al insurreccionismo checo – significó entre otras cosas la resolución por las armas de una crisis originalmente religiosa, el conflicto entre la Reforma y la Contrarreforma.

Fue en este oscuro período de su juventud a comienzos de la guerra, que Comenio escribió el librito que tenemos entre manos (1623), tan diferente al resto de su producción pedagógica, y la relación con la circunstancias en que lo gestó su autor se vuelve patente, como él mismo nos lo dice en la introducción, para cualquier lector que conozca someramente los hechos.

Seguir el resto de la carrera de Comenio, quien vivió y produjo prolíficamente durante cinco décadas más (murió a los 78 años) es una tarea extensa y no posible en este pequeño espacio, pero señalaremos el sencillo dato que la mayor parte de la fertilísima actividad reseñada al principio tuvo lugar después de los desastres narrados. Alguien podría decir que Comenio no tuvo suerte en su destino, pero sin embargo sus tragedias parecieron abrirle nuevas puertas y ámbitos de actividad cada vez más prolíficos, resurgiendo él a su vez al parecer más fecundo que antes. Y esto no sólo profesionalmente: Comenio se volvió a casar dos veces más, y tuvo numerosos hijos, y por todo lo que sabemos una feliz vida familiar. Y entonces alguien podría decir que tuvo suerte en sus desgracias.

Un ejemplo. A los 36 años Comenio debió encabezar una de las patéticas columnas de refugiados que cruzaban a pié las fronteras de su país (tristemente familiarizadas para nosotros gracias a las imágenes de la CNN desde la conflictiva Bosnia) y establecerse precariamente en un país limítrofe, luego de que el nuevo gobierno católico confiscara posesiones y tierras de la Unitas Fratrum, en un brutal esfuerzo por forzar la defección religiosa. Los contingentes fueron ubicados temporalmente en Leszno (Polonia) ciudad a unos 100 kms. de la frontera, en la que los Hermanos ya contaban con una comunidad estable. Se esperaba el fin de la guerra y vientos políticos más favorables.

En Leszno los refugiados gradualmente comenzaron a reconstruir sus vidas, siendo Comenio nombrado al frente de un colegio de latín. Con increíble presteza retomó su actividad productiva, volcándose de lleno a la tarea pastoral y docente, diagramando nuevos experimentos educativos, y comenzando la redacción de su vasta obra pedagógica, por ejemplo (en checo) Didactica, Informatorium skoly materske (“Libro para los maestros del parbulario”) y (en latín) vernaculae scholae classis sex libelli (“Seis libritos para las clases de la escuela pública”) obras que, junto a algunas de las mencionadas anteriormente, comenzaron a circular por Europa y a ganarle fama al pedagogo.

Sus ideas y métodos tuvieron una aceptación casi instantánea en los más diversos puntos. Proyectos educativos de todo tipo (fruto como lo eran generalmente de voluntarismos municipales o feudales) quisieron adoptar sus métodos. En la católica Praga se decía que los propios jesuitas los aplicaban y hacían circular sus libros secretamente omitiendo el nombre del proscripto autor. Desde latitudes más benevolentes comenzó a recibir invitaciones. En su momento, nada menos que de parte del Cardenal Richelieu (si ¡el de Los Tres Mosqueteros!) para discutir el estado de la educación en la Francia de Luis XIII (1642), mientras que en las emergentes colonias británicas de ultramar se barajaba incluso su nombre como candidato a la presidencia de la nóvel Universidad de Harvard.

En esta coyuntura Comenio descubrió lo que habría de convertirse en una verdadera misión en su vida, asumida con plena responsabilidad – a saber, la reivindicación de los derechos de su grupo de pertenencia: los protestantes checos. Su creciente prestigio internacional le permitió abogar ante las esferas más altas del poder europeo una y otra vez por un lugar para los desplazados en las futuras rondas de negociaciones que se vislumbraban al finalizar la guerra. A fines del 1630, gracias a su constancia, Oliverio Cromwell, a la sazón gobernante protestante en Inglaterra, a más de organizar una colecta pública a favor de los moravos, donó oficialmente terrenos en Irlanda para que los refugiados de la Unitas Fratrum se radicaran allí en forma permanente.

Comenio rechazó vehementemente esta oferta, sin embargo, convencido como estaba de que Dios habría eventualmente de facilitar su regreso a su tierra, y continuó mientras tanto su intensa tarea de lobby a favor del drama de los desplazados.

Las expectativas de Comenio se vieron frustradas una década más tarde al concluir la guerra a fines de los 40′ y firmarse la paz de Westfalia. Las reivindicaciones de los protestantes checos no sólo fueron ignoradas, sino que encima Leszno, su pacífico hogar polaco “temporario” de casi dos décadas, fue escena de devastadores saqueos haciendo que Comenio y sus refugiados debieran huir precipitadamente de los gravísimos episodios de violencia, sufriendo ingentes pérdidas. Imposibilitados de retornar a su nación (la reorganización de los territorios políticos checos se lo proscribía) los miembros de la Hermandad debieron desperdigarse por Europa, cada uno como pudo. Comenio moriría sin regresar nunca a su tierra natal.

En los saqueos de Leszno – por si fuera poco – el maestro perdió al fuego su invalorable biblioteca acumulada durante años, incluyendo los manuscritos de varias obras en las que había estado trabajando por décadas (su léxico checo-latín de sus días universitarios, y sus Enciclopedias – dignísimas precursoras en cien años de la de Diderot) en estado ya avanzado, por ejemplo, que nunca pudo recuperar[iv].

El nuevo éxodo – con Comenio pasados los 50 años – resultó sin embargo para su bien, gracias a la oportuna intervención de un antiguo sponsor, el acaudalado comerciante holandés Louis de Geer, quien costeó su mudanza y radicación en Ámsterdam. En este oasis de tolerancia y modernísima prosperidad burguesa Comenio pudo pasar la última década y media de su vida revisando, escribiendo y publicando numerosas obras a gusto y con amplitud de tiempo, imprimiendo sus Obras Completas, concluyendo su Opera Didactica Omnia (costeada por el Ayuntamiento de la ciudad), recibiendo honores públicos e importantes visitantes acorde su status de celebridad viviente, siendo retratado según se cree por el mismo Rembrandt, accediendo a aún a más estratégicos escenarios para seguir intercediendo por el futuro de su gente (como por ejemplo en la cumbre de Breda entre las dos nuevas potencias Holanda e Inglaterra)  y morir en paz rodeado de los suyos en 1670.

Otro ejemplo. La invitación de Cronmwell no había sido la primera para que Comenio se radicara en Inglaterra. A principios de la década del 40′ el mismísimo Parlamento inglés le extendido una invitación personal, gestionada por un activo profesor de Oxford, Samuel Hartlib. Éste – gran admirador de Comenio – había hecho traducir y circular en las islas británicas y sin conocimiento del autor el manuscrito de su Pansophiae prodomus (“Preludio a la sabiduría universal”) y, junto a grupo de colegas progresistas, barajaba utópicos proyectos de reforma educativa, incluyendo el eventual reemplazo de las vetustas universidades de Cambridge y Oxford – a ser sucedidas por una institución moderna que siguiera el modelo de la Universidad Pansófica propuesta por Comenio (la Pansofía – concepto renacentista capital en nuestro maestro – sería algo así como la reunión de todos los conocimientos en un ordenamiento global, paso previo indispensable para sentar las bases de cualquier sistema educativo).  Gracias a las gestiones de Hartlib, en 1648 Comenio recibió la invitación del Parlamento y el estipendio para los gastos de traslado a Inglaterra.

Comenio aceptó esta oferta personal, que le permitiría plasmar uno de sus proyectos pedagógicos más acariciados (el college Pansófico, suerte de magisterio modelo entre otras cosas). La decisión no le resultó fácil, sin embargo, al acarrearle serios conflictos personales y corporativos en términos de nuevos desarraigos, a más del abandono de responsabilidades familiares y comunitarias: Comenio era uno de los pocos obispos sobrevivientes de la Hermandad Morava en la diáspora, y figura clave para la organización. Finalmente recibió la bendición oficial y emprendió el dificultoso viaje a través de una Europa en guerra.

Pero su llegada a Inglaterra (en Enero de 1642) no pudo haber ocurrido en peor momento. El país hervía en anticipación de los eventos que pasarían a la historia con el escueto nombre de “Guerra Civil” (1642-1651) que enfrentaría a Parlamento contra monarquía y sentaría precedentes para las sucesivas revoluciones burguesas de Europa  – regicidio público (Carlos I Estuardo) y fallido experimento republicano incluidos. Semejante cataclismo puso un parate a todos los proyectos progresistas de Hartlib y compañía, y Comenio debió retirarse precipitadamente de Inglaterra así como había llegado, los sueños de una Universidad Pansófica archivados hasta mejor momento.

Nuevamente en esta desgracia intervino providencialmente el ya mencionado sponsor holandés De Geer, quien en esa coyuntura obtuvo para Comenio una designación oficial ante su cliente, el rey de Suecia, país que convocó a Comenio y para el cual ahora pasó a trabajar durante los seis años próximos en proyectos destinados a la reforma global de sus incipientes sistemas educativos (1642-1648), radicándose con su familia en la pacífica ciudad de Elblag (a la sazón territorio sueco). Este período en la tranquila playa provincial sobre el Báltico, en la plenitud de sus facultades, contando con la seguridad financiera provista por Suecia, fue uno de fecunda actividad productiva  – liberado como estaba de otras responsabilidades, y abocado plenamente a la tarea intelectual y docente. Varias de sus más voluminosas obras fueron concebidas allí (por ej. Methodus  linguarum novísima [“Nuevo método lingüístico”] y su monumental y genial De rerum humanarum emendatione consultatio catholica [“Consulta universal sobre la enmienda de los asuntos humanos”])

¿Desgracia o suerte? Éste laberintesco recorrido biográfico incluye solamente dos o tres de las inesperadas frustraciones y gratificaciones en la convulsionada vida de Comenio; pero existen otras más, suficientes para abarrotar detalladas páginas de una abultada biografía. La fundación del tan ansiado college pansófico en Sárospatak, Hungria, que también debió ser abortada, esta vez por otro brote infeccioso (hubo más experimentos frustrados), estadías en Suecia, Alemania, Francia, Polonia, Hungría, servicios prestados ante reyes, ministros, aristócratas (aunque Comenio probó su lealtad ante su Hermandad, renunciando a estos compromisos ventajosos cuando fue requerido – en 1648 – como último obispo viviente de su comunidad), traslados, evacuaciones, e incendios.

Dejaremos de lado sin embargo el relato de sus desgracias y suertes, con el cual se ha querido dar solamente un muestrario del hombre y su época, para decir algunas palabras sobre el librito que tenemos en mano. Labyrint světa a ráj srdce  (“El laberinto del mundo y el paraíso del corazón”) fue redactado y publicado en checo – no en latín – y podríamos entender la razón porqué. Aquí Comenio parece hacer a un lado su amada teorización pedagógica, para volcar lo que había dentro de su alma. No es una obra destinada al mundo académico a quien dirigía normalmente sus escritos (en latín, como lo requería la etiqueta universitaria) sino el ejercicio de un joven por dar cuenta de ese mundo absurdo que le tocó vivir y reconciliarlo con su fe, y como tal tiene un valor universal que trasciende de modo distinto al resto de sus obras, no desigual al del Progreso del Peregrino que Bunyan escribiría décadas más tarde en la celda de una prisión inglesa, y que los ingleses consideran con justicia uno de sus clásicos.

El laberinto es también un clásico dentro la literatura checa, literatura en la cual Comenio ocupa un papel central similar al de Cervantes – otro contemporáneo – en la española. ¿Qué hubiera opinado Comenio de saber que su obrita sería traducida al idioma que en su siglo habló el bando enemigo  (pues el ejército católico de los Hasburgo que asoló su patria estaba conformado por un grueso de tropas españolas) en aquel sangriento conflicto que le tocó vivir?

No creo equivocarme si dijera que se hubiera alegrado. El mensaje que contienen sus páginas es el mensaje que Comenio hubiera deseado que todo hombre, amigo o enemigo,  pudiera oír al menos una vez en la vida. Es el mensaje que apunta hacia Aquel que, tanto en su experiencia, como en la de cualquiera otro que, como el peregrino, “desespera de su vida”, puede hoy al igual que ayer ordenar suertes y desgracias y crear orden a partir del caos.

Lic. David Perfetti (1996)


NOTAS

[i] El discurso soviético rescataría de  Comenio su ideal educativo anti-elitista (cf. “enseñar todo a todos”).

[ii] Moravia y Bohemia son las dos provincias históricas en que se divide el territorio checo.

[iii] La reforma checa antedata a la Reforma alemana de Lutero en casi un siglo. Desde la ejecución en la hoguera del cura reformista Juan Hus en el Concilio de Constanza de 1415, las guerras husitas que siguieron y los numerosos grupos sectarios que se separaron de la iglesia oficial (como la “Unión de los Hermanos”) demostraron el marcado afán autonomista de los checos respecto a la iglesia de Roma. A principios del 1500 por ejemplo (dos décadas antes de las famosas 99 tesis de Lutero), existían cerca de 400 parroquias adscriptas a los “Hermanos” protestantes sólo en la provincia de Moravia. El incendio luterano en  Alemania no hizo sino avivar el fuego de sus vecinos checos.

[iv] Si Comenio no pudo visualizar la vigencia que su ideario pedagógico cobraría en el siglo veinte, menos pudo  prever el futuro de su diezmada “Hermandad”. La diáspora protestante checa hallaría finalmente un hogar permanente en Alemania en 1722, en terrenos cedidos por un benefactor (conde Von Zinzendorf, 1700-1762). Allí, un  nieto del pedagogo, Daniel Jablonsky, presidió (guiado por Ratio Disciplinae, obra de Comenio) un verdadero reverdecer de la Unitas Fratrum, consistente en el envío de dos misioneros a las Indias Occidentales, seguidos luego de muchos otros al África, Asia y Norteamérica. Dichas encomendaciones pioneras son consideradas hoy por los historiadores como la cuna del movimiento misionero protestante de la era moderna. La Hermandad Morava sigue activa habiendo realizado una obra de fomento social y espiritual con la creación de leprosarios, hospitales y escuelas en sitios carenciados alrededor del planeta, algunos de ellos en Latinoamérica como en Honduras y Nicaragua (e.g. éste texto)

ILUSTRACIONES

Imágenes de Internet relacionadas a la vida y el legado de Juan Amós Comenio, incluyendo fotos de su tierra natal (la actual República Checa), el retrato adjudicado a Rembrandt, la cubierta original de algunas de sus obras, y algunas de las pinturas con episodios de su vida, ilustraciones para libros, sellos postales, billetes, estatuas, efigies, logos institucionales, etc. honrándolo en las naciones de Europa Central en las que vivió. En último lugar una estampilla conmemorativa de la Unión Soviética

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